El rincón violeta

Honrar a las diosas

Hoy es el día de las escritoras, y para celebrarlo, me vais a permitir que honre a las diosas, a aquellas que pusieron los cimientos que permitan que hoy yo (y muchas) soñemos con ser escritoras. A diosas las he ascendido yo, permitídmelo: no se merecen menos quienes han conseguido que trascienda su nombre y su labor a lo largo de los siglos, a través de sociedades preocupadas por ensalzar a sus hombres e invisibilizar los logros de las mujeres.

 

La primera de mis diosas es Enheduanna. ¿Verdad que es un bonito nombre? Pues no es su nombre: es su título, algo así como «sacerdotisa del adorno del cielo», esto es, de la luna. Ya sabéis que este blog tiene mucho que ver con las lunas. Comienzo hablando de ella porque es, nada más y nada menos, una de las primeras mujeres de nuestra Historia cuyo nombre se conoce. Vivió en la antigua Mesopotamia, era princesa y, lo que más me interesa: escritora y poetisa. De sus obras se hicieron muchas copias, algunas cientos de años después de su muerte, así que si viviera en nuestro tiempo podríamos  considerarla una escritora de éxito. Cierto es que su obra se compuso fundamentalmente de himnos religiosos utilizados en los templos sumerios, que han llegado a conocerse en nuestros días gracias a que fueron grabadas en tablillas. Literalmente, ella dijo que escribió «algo se ha creado que nadie creó antes». La pionera de todas las creadoras. Ahí es nada.

 

Eduardo Galeano escribió sobre ella:

 

Edehuana vivió en el reino donde se inventó la escritura, ahora llamado Irak,

y ella fue la primera escritora, la primera mujer que firmó sus palabras, y fue también la primera mujer que dictó leyes, y fue astrónoma, sabia en estrellas, y sufrió pena de exilio,


y escribiendo cantó a la diosa Inanna, la luna, su protectora, y celebró la dicha de escribir, que es una fiesta, como parir, dar nacimiento, concebir el mundo.

 

¿No es una preciosa manera de describir la escritura?

 

No sólo ha pervivido su obra, también su imagen

 

Mi segunda diosa es otra pioneras en esto de la escritura que ha trascendido a nuestros días: Safo de Mitilene, a quien a lo mejor conocéis como Safo de Lesbos. Fue una poetisa griega que perteneció a una sociedad que se organizaba en torno a la honra al dios Dionisio (dios del vino), entregándose a los placeres. Suena bien. Debía ser una mujer listísima.

Los poemas de Safo hablaban de amor, de celos, de pasión, de nostalgia y de deseo… Hoy nos pueden parecer temas muy manidos, pero ella  es la primera autora conocida cuya obra se basa en sentimientos.  En una sociedad donde la literatura versaba sobre leyendas y proezas, toda una provocación. ¿Qué seríamos hoy sin ella? 

Tuvo una hija, y preocupada por su educación, reunió a las mejores instructoras en distintas ramas del arte, y las animó a que también sus hijas se beneficiaran de ese intercambio de conocimiento. Lo llamó la «Casa de las servidoras de las Musas», fundando así la que es considerada primera Universidad. O sea que no sólo era creadora, también promotora de la difusión cultural.

Como curiosidad, contaros que aunque se ha convertido en un símbolo del amor entre mujeres, se cree que se suicidó por el amor no correspondido a un hombre. A saber.

 

En el día de hoy hay muchas escritoras de las que me acuerdo, ¡son tantas a las que agradecerles su labor! Pero qué duda cabe que estas dos diosas se merecen que las honremos debidamente.

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