Reflexiones

¿Soy la única que odia las despedidas de soltera?

Cada vez que una amiga me viene con cara de emosión y anuncia que tiene algo MUY IMPORTANTE que contar, con una sonrisilla, pienso: “¡que sea un bebé!” Y no porque sea yo una amante de los peques (más bien pertenezco a este grupo), sino porque si no es eso, suele ser lo otro: LA BODA.

Y diréis, mujer, ¿qué te cuesta? Pues entre vestido, zapatos, bolso, peluquería, maquillaje y regalo a los novios, mucho. Pero esa no es la cuestión. La cuestión es que toda boda viene en un pack indivisible que incluye la despedida de soltera.

 

HORROR

 

Líbreme dios de perderme ninguna farra, me apunto a todas, la primera si hace falta. Pero éste tipo de jarana no me hace ninguna ilusión. ¿Envidia a las amiguis que se casan? No, queridas, tengo mis razones:

 

  1. Despedida de soltera gitana: dicen que hubo un tiempo donde la despedida de soltera consistía en una noche de cena, copas y a casa. Yo no lo he vivido: la duración mínima, según mi experiencia, son 72 horas. Y, como casi siempre, lo poco gusta y lo mucho cansa.

 

  1. Desplazamiento: el punto anterior nos trae inevitablemente al problema número 2: se busca un sitio bueno, bonito y barato a tomar por el jander para pasar tan memorable evento. El listado de destinos se está acotando por haber ya muchas ciudades en las que prohíben los grupos de amigas ridiculizando a una joven casadera. Ya se sabe que l@s español@s, a la hora de liarla, no tenemos medida.

 

 

  1. Des-organización. No me preguntéis por qué, pero SIEMPRE me otorgan a mí el título de coordinadora de todo el tinglado. Y os aseguro que soy psicóloga, no organizadora de eventos, así que el asunto me estresa mogollón. Conlleva, inevitablemente, la creación de un grupo de WhatsApp en el que mucho te lo tienes que currar para que no se aleje de su objetivo inicial y se inunde de memes graciosetes. Cada toma de decisiones es un problema: la elección de la fecha, del destino, del presupuesto, del plan… a ver quién es la guapa que organiza algo a gusto de todas. Si os toca, un consejo: el dinero, por delante.

 

 

  1. Escalada de expectativas: por no llamarlo envidia. Cuando en un grupo de amigas se han casado ya varias, la siguiente que está camino al altar quiere que se le monte un circo tan grande o más que a sus predecesoras. Y sin repetir ideas. Al comienzo de cada despedida, se puede cortar la tensión con un cuchillo.

 

  1. Las amigas de tus amigas no son tus amigas: La mezcla de gente en una despedida es casi siempre un cóctel molotov que puede explotar a la primera de cambio. Mismamente, desde la creación del grupo de WhatsApp de rigor para la toma de decisiones y la recogida de money. Máxime cuando la novia se empeña (o se ve obligada) a incluir a todas las féminas que van a asistir a la boda. Compañeras de universidad, amigas de la guardería, primas del novio, las del pueblo, amigas de las hermanas mayores, tías abuelas… sin yo dudar de lo majísimas que son todas, no tenemos nada que ver. Conlleva un problema añadido: si hay algún problema entre las asistentes, acudirán a la boda con cara de perro.

 

Objetivo a evitar

 

  1. Falta de presencia masculina. Afortunadamente, hemos dejado ya muy atrás el concepto “grupo de tías con falos en la cabeza que vociferan a un stripper mientras se desnuda”. Aquellas vergonzosas escenas quizá justificaban la ausencia de hombres heteros amigos de la novia. Pero sigo sin entender que a día de hoy la fiesta en honor de los novios tenga que ser segregada por sexos.

 

El pasado

 

 

  1. La obligatoriedad del disfraz. Me flipa disfrazarme. Me encanta Halloween y adoro Carnaval. Currármelo y ser diferente. Pero vestirte igual que otras 20 tías con las que, insisto, no tienes nada que ver, puede llegar a ser una experiencia vergonzante. Mira, aquí sí le veo la utilidad a lo de irte a la otra punta de la geografía española para que no me reconozca nadie por la calle.

 

En mi ciudad no saldría así a la calle ni muerta

 

Lo dicho, si estáis dudando si invitarme a alguna despedida de soltera, NO ME LLAMÉIS.

 

Post publicado originariamente en Weloversize

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