Reflexiones

A todos los hombres de mi vida

Más allá del ideal romántico de la media naranja, tu alma gemela y el hilo rojo, me gusta pensar que todos los hombres que han pasado por mi mente, corazón y/o cama (múltiples combinaciones) han ayudado a saber qué es lo que quiero y lo que no a día de hoy. Es por eso que me refiero a ellos como TODOS LOS HOMBRES DE MI VIDA.

En agradecimiento, quiero dedicarles unas palabras:

A todos los hombres de mi vida:

A quienes amé, os amé con locura. Aposté cada minuto mi alma para que la relación funcionara, aunque luego no fuera así. Me comprometí, con vosotros, con vuestra forma de vida, con vuestra familia y amigos. Fue de corazón cada vez que confesé un “te quiero”. Minimicé vuestros fallos, engrandecí vuestros logros. Me enorgullecí de ir con vosotros del brazo. Hablé de lo nuestro siempre con una gran sonrisa a los míos. Y mientras tuve ilusión, ésta lo impregnaba todo.

Y cuando no la tuve, también fui sincera. Las decisiones más duras que he tomado, las he hecho pensando más en vosotros que en mí. En ser honesta. En ser íntegra. En procuraros la verdad, SIEMPRE. Si me alejé fue por evitaros desengaños, mentiras piadosas, falsas esperanzas al fin y al cabo. Algunos de vosotros me odiasteis, no os culpo. Pero nunca me ha movido la maldad cuando se trataba de una persona con la que compartí vida.

Contra quienes me dejaron, tuve palabras de rabia. La incomprensión, el orgullo herido son malos consejeros para un corazón roto. En mi defensa, deciros que no duró mucho. Que tragué saliva y tiré para adelante, haciendo un esfuerzo por entenderos. Que tuve el coraje de pensar que aquellos cambios iban a traer algo mejor. Que pasado un tiempo, os di las gracias en mi cabeza. Que a día de hoy la balanza se inclina hacia los recuerdos buenos.

Hubo hombres que ocuparon más tiempo en mi mente que en mi agenda. Con los que me hubiera gustado compartir algo más de vida, o a ellos de la mía. Esporádicos encuentros en cortas temporadas, ilusiones disfrazadas de amistades, distancia como eterna excusa para no dar un paso más allá. A vosotros, deciros que me marcasteis más de lo que creéis. Que en mi cabeza vivimos las ciento y una posibilidades que podían ocurrir entre nosotros. Que los finales abiertos me han inspirado más que cualquier relación llevada hasta sus últimas consecuencias. Que me habéis enseñado el significado de un silencio. Que los ojos explican más que una frase hecha llena de pretextos. Que el tiempo compartido, cuando no eres nada y lo quieres todo con la otra persona, está lleno de magia. Que la incertidumbre también tiene algo que enseñarnos. Y que saber hasta donde sí y a partir de cuándo ya no, es una lección VALIOSA.

A quien me hizo auténtico daño: no hay comprensión, ni perdón, solo vacío. Mentiría si dijera que no acudes a mis recuerdos, pero tú no provocas sonrisas. Provocas indiferencia. La clase de persona que maltrata a quien dice querer viene a vuestra vida sigilosa, se apuntala en ella, y como un huracán destroza hasta tu manera de ser. Fuiste la lección más dura de aprobar. Pero la aprobé para no repetir nunca más ese curso. He intentado provocar sentimiento de compasión hacia ti, pero solo me brota sentir aquello por quien esté ahora mismo sufriendo tus estragos. Gracias, si acaso, por hacerme valorar tantísimo hombre bueno.

A quienes estuvisteis conmigo solo unas horas: fue divertido. Algunas anécdotas siguen adornando mis noches con amigas, entre risas. Con respeto, todo es válido, y las mejores historias, a veces, finalizan con la salida del sol. No lo sabéis, pero algunos fuisteis importantes para mi dañada autoestima, o para invertir el equilibrio de una mala semana, siendo lo más memorable. Con algunos reí y disfruté cuando ya pensaba que no lo volvería a hacer. Otros se llevaron unas horas de mi yo más audaz y segura de mí misma. Auténticos desconocidos me han hecho reír a carcajadas, disfrutar hasta el extremo y sentirme viva, y eso, ESO NO TIENE PRECIO.

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