Ficciones

Me has inspirado

Me has inspirado. Hacía tiempo que no tenía tantas ganas de escribir acerca de algo. Me has instaurado un estado mental de equilibrio y positividad de un nivel superior, un nivel que muchos buscan, sin cesar, de las más variadas formas. Es curioso, no tengo ganas de hacer nada, solo de disfrutar de esta sensación, como si tuviera miedo de recibir una contaminación emocional. Que nada me perturbe hoy, que me duren las sensaciones que me erizan la piel, la paz, los olores,… estaba disfrutando al recordarlo pero ahora, al escribirlo, lo saboreo de nuevo.

 
 
 

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No creo en los encuentros fortuitos, creo que hay caminos que están cruzados, aunque sea brevemente, como es el caso. Y también creo que después de conocerte mi mente, utilizando esa intuición de la cual estoy tan orgullosa, apartó cualquier mínima expectativa sobre ti para que el colofón fuera más sorprendente, algo así como no enseñarte la carta de postres en un restaurante y simplemente pedir el mejor.

Es curioso, sin establecerte como objetivo y sin haber planeado verte previamente, en el momento en que te pusiste delante sentí una irremediable atracción, un deseo de tocarte, de no parar de comerte, pero a la vez (y sabiendo que no podía suceder simultáneamente) de escuchar todas tus historias. Problema que no sabía cómo resolver. Menos mal que llevabas la batuta y la melodía sale cien por cien acompasada.

Sí, hubo química, como dijiste. Pero también física, música, matemáticas, literatura, fisiología, filosofía y psicología. Y lo sacamos todo con nota.

Hubiera podido alargar el momento, hacerte esperar y tenerte más adelante, pero los planetas estaban alineados para que yo acabara esa noche en tu casa. No somos conscientes de cómo vamos tomando decisiones inconscientes que nos llevan derechitos a una sorpresa que el destino nos tiene preparada. Y cuando el escenario y todo lo demás está listo y sólo faltas tú, no te puedes negar. Pero qué tontería, no pensé en negarme en ningún momento.

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Eres bueno, tanto que me olvidé de estúpidas reglas e inhibiciones, ¿y tú me preguntabas sobre la sugestión? Ja. La sugestión de tus miradas, tus manos y tu lengua acabó descontrolándome. Todo era acorde a lo que iba necesitando, venía sin yo pedirlo.

En el momento de irme no quise estropearlo – y noté que tú tampoco – con promesas que no valen nada, números de teléfono o redes-sociales-estropeahistorias. Si te soy sincera, tan alto está el listón de aquella noche que no me importó correr el riesgo de no volver a saber de ti. Todo lo demás sería estropear el recuerdo de una experiencia digna de ser escrita.

 

Relato publicado originariamente en Weloversize

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